El mundo en vilo: ¿Estamos ante los "dolores de parto" profetizados en la Biblia?
INTERNACIONAL – El inicio de 2026 ha sumido a la comunidad internacional en un estado de alerta sin precedentes. Lo que comenzó como tensiones diplomáticas aisladas ha escalado en una serie de movimientos militares que atraviesan continentes, desde el Ártico hasta el Caribe y el Medio Oriente. Para muchos analistas cristianos y estudiosos de las profecías, el actual escenario no es solo una crisis geopolítica, sino un eco ensordecedor de las advertencias escatológicas que Jesús dejó a sus discípulos sobre los eventos finales de la historia humana.
A este panorama se suma la preocupante situación en Ucrania, que entra en su quinto año de conflicto con el uso de misiles hipersónicos, y el colapso interno en Irán, que amenaza con incendiar todo el Medio Oriente. Estos focos de violencia no son vistos por la comunidad creyente como meros accidentes políticos, sino como señales de una "convergencia profética". La Biblia describe que, en los últimos tiempos, el amor de muchos se enfriará y la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno será la norma, una realidad que hoy vemos en las crisis humanitarias que asolan a naciones enteras bajo el estruendo de los bombardeos.
Desde una perspectiva escatológica, la militarización del Ártico y la inestabilidad en Israel e Irán sugieren que el escenario para eventos bíblicos de gran escala, como los descritos en el libro de Daniel o el Apocalipsis, se está configurando con rapidez. Los líderes cristianos instan a no caer en el pánico, sino en la reflexión y la oración. Si bien los "rumores de guerras" son hoy titulares diarios en los portales de noticias, la enseñanza bíblica recuerda que estos son solo los "principios de dolores", una etapa de preparación que debe llevar al creyente a una búsqueda más profunda de Dios.
Es imperativo que la iglesia mantenga una vigilancia espiritual. La historia nos enseña que, cuando las potencias mundiales luchan por el control de la tierra y sus recursos —ya sea el petróleo venezolano o la posición estratégica de Groenlandia—, es la humanidad la que padece. Sin embargo, para el cristiano, la esperanza no reside en los tratados de paz firmados por hombres, que a menudo resultan frágiles, sino en la promesa de un Reino que no es de este mundo y que traerá la justicia definitiva.
Finalmente, el llamado para este 2026 es a la intercesión por las naciones y por aquellos que toman decisiones que afectan la paz mundial. Como ciudadanos del cielo, nuestra responsabilidad es discernir los tiempos no con miedo, sino con la certeza de que Dios tiene el control absoluto sobre la historia. Es momento de que cada hogar cristiano se convierta en un faro de esperanza en medio de la oscuridad informativa, recordando que, aunque las naciones se conmuevan, la Palabra de Dios permanece para siempre.
"Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.
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